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lunes, 27 de febrero de 2012

Viajar en ÖBB


ÖBB es RENFE en austriaco. Pero con todo lo que implica el cambio. Porque a mí en RENFE ha llegado un momento en que era imposible que me pusieran más trabas para viajar. Que si jaula, que si billete, que si a alguien le molesto me tengo que cambiar de vagón... en fin, no voy a mencionar yo aquí todas las cosas que me molestan porque no acabaría de escribir nunca. En ÖBB es exactamente lo mismo pero al revés. El billete de perro es mucho más barato y lo único que te piden es que lleves correa y bozal. Sí, pero sólo a título informativo, porque luego te subes al tren y nadie te pregunta por ninguna de las dos cosas. Bueno, supongo que si mides 2 metros de pie y pesas más de 90 kilos… te harán ponértelo por si algún otro viajero se pone histérico ante la posibilidad de que te vayas a portar peor que un niño público, pero en otro caso, no ocurre nada. Y como yo soy una ligera pluma... viajo casi a mi aire. También escuché algo sobre que si eres un perrazo tienes que ir en una jaula de esas de viaje, pero tampoco estoy segura. En principio, yo no me encontré con ningún problema. Incluso me subí a un sillón para hacerme la foto y el revisor me miró con indulgencia, mientras decía: "pero sólo para la foto". Pero sonreía, así que no creo que le importase realmente.
El viaje además es una gozada. Hay trenes muy rápidos, rápidos, normales, lentos y muy lentos. Ya tú eliges el precio que quieres pagar y el tiempo que tienes para disfrutar del viaje. Si vas con prisa, está claro: el más rápido. Pero como en mi caso, me encanta ir en tren, me relajo y aprovecho para echar un sueñecito... como ellos. Pues no me importa elegir uno más lento, que es mucho más barato y además es precioso ir mirando por la ventanilla el paisaje de Austria. Aunque tampoco os asustéis porque el precio de los transportes públicos en Austria, es para todo el mundo, es decir, son asombrosamente baratos. No como en España, que son sólo para ricos. Da un gusto... y el servicio es fantástico. Mi experiencia ha sido maravillosa y os recomiendo probarlo.

domingo, 5 de febrero de 2012

Bratislava. El invierno de los perros


He conocido esta maravillosa ciudad del centro de Europa. Capital de Eslovaquia y cuyo centro es casi medieval.
Llegamos a media mañana y dimos un gran paseo alrededor del castillo. Yo no podía entrar al recinto del propio castillo, por mis cuatro patas, así que un consenso familiar concluyó que no entrábamos ninguno. Ni siquiera a los miradores. Pero sin mayor problema, junto al Parlamento, un edificio modernillo y simpático, hay una terraza con una vista impagable de la ciudad entera. Incluido el platillo volante que hay sobre el puente y que escuché que decían: "deberíamos comer allí un día", de donde deduje que se trataba de un restaurante y no de un ovni. Pero a las pruebas me remito. Tiene toda la pinta.
En el restaurante, no sólo no me pusieron pegas, sino que me invitaron a un gran plato de agua y me rieron las gracias. Que hice pocas, porque entraba frotándome las patas por el frío y no tenía ganas de andar con cortesías. En el interior de lo que debió ser una dependencia del castillo, porque era un restaurante muy poco corriente, pero muy tradicional. Como una especie de bodega, vamos, una monería. Decorado todo él con ladrillo, velas y todo tipo de cosas que a mí, me recordaban una mazmorra. Como decía, en su interior había un loro azul. Así que tampoco me extrañé de que les hiciera gracia que entrase yo.
Como digo, pegas para dejarme entraren lugares público, cero. Salvo en los museos. Y el centro de Bratislava me pareció realmente simpático. Casi todo peatonal. Bastante limpio. Quizá, me pareció ver a la gente un poco triste… aunque sería por el clima. Catorce grados bajo cero no son para ir sonriendo. Son para tener las patas calentitas en casa. Pero como nos tocaba el día de turismo, pues dimos unas cuantas vueltas por el centro. Peatonal y semi desierto. Tan sólo me tropecé con otros dos colegas, uno de ellos disfrazado con un chándal azul.
Lo más bonito de la ciudad, para mi perro gusto, el Palacio de Pauli. Aunque también por fuera, claro. Allí, por lo visto, nació Franz Linz y a mí la música de ese señor me relaja mucho. Soy una perra con gustos finos. Así que me hizo ilusión conocer el palacio. Y la Universidad Istropolitana. No sé si lo he dicho bien, porque nunca antes había oído esa palabra. El caso es que me gusta ver el ambiente universitario de algunas ciudades. Bratislava tiene muy buena pinta a juzgar por su Universidad y los edificios que la albergan. Para terminar un breve apunte que seguramente os interese: es una ciudad muy barata.